La autopsia de Jane Doe

Si algo tienen en común los amantes del género de terror con los de ciencia ficción es que para toparse con un film de cierta entidad, toca tragarse previamente una buena ración de basura infecta; salvo excepciones, el género que aquí nos ocupa viene servido a modo de ‘fast food’ envuelto, como no, en los clichés típicos del actual mainstream.

Y el film que nos ocupa supone sin duda alguna un soplo de aire fresco si uno viene necesitado de un descanso en lo que se refiere a la saturación indiscriminada de niños poseidos, efectos de sonido que harían palidecer a Beethoven o, porque no, el desfile por el celuloide de todo ente maligno del averno que se precie.

‘La autopsia del Jane Doe’ deviene un film elegante, con una dirección impecable, con dos partes muy diferenciadas entre si, pero sin llegar a perder realmente en ninguna la esencia del verdadero terror, que no es aquel que se te muestra explícitamente en pantalla, sino aquel otro que el buen director va tejiendo en tú cerebro sin necesidad de arrojarte nada. Ese terror olvidado, el de antaño, es el terreno en el que se mueve como pez en el agua este film, que de manera ágil nos va mostrando poco a poco a modo de rompecabezas la identidad de Jane Doe. Y en ese proceso, cual capítulo de CSI, nos va envolviendo en una atmósfera perturbadora que tan sólo los films de calidad consiguen llevar a buen puerto a costa, eso si, de un precio muy pequeño al acariciar de cuando en vez algún convencionalismo.

Si eres amante del género ‘La autopsia de Jane Done’ deviene un film obligado, pues resulta ser una pequeña joya, una de esas pequeñitas, pero ante la cual uno esboza una sonrisa mientras saborea de nuevo el terror…

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