Blade Runner 2049

El ser humano lleva implícito en su ADN el establecer comparaciones, así que empezaré por ahí: una obra de culto (Blade Runner) no tiene margen de mejora, punto pelota. La magia y la nostalgia no se combaten, se abrazan. Y a partir de ahí pienso que uno puede entrar a valorar ya sin miedo ‘Blade Runner 2049’.

Si tuviera que responder a modo de test Voight-Kampff para replicantes lo que acabo de presenciar en pantalla, la palabra que sin dudas emplearía sería ‘potente’. Visualmente no recuerdo haber visto nada igual en muchos muchos años.

La atmósfera conseguida se me antoja perfecta. Los efectos sonoros van a la zaga con el apartado visual. Si a eso le unimos una BSO fantástica y unas actuaciones en orden, tan solo nos queda la ‘historia’. Y es ahí donde reside el margen a la hora de entrar a valorar esta maravilla que Villeneuve ha conseguido plasmar en pantalla. Y lo cierto es que la historia, aunque sencilla, funciona, o al menos desarrolla lo visto en su predecesora.

Con estas premisas no se me antoja una opción no disfrutar esta propuesta y es cuando uno vuelve a la pregunta de origen: ¿Siguen soñando los androides con ovejas eléctricas?; me temo que eso y más.

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